Oportunidades de la economía colaborativa digital.

En sentido amplio, la economía digital surge con motivo de la adopción de tic´s en los diversos sectores económicos, con lo cual es posible optimizar los procesos productivos desde la agricultura a través de automatización y análisis de datos, la transformación de la industria a través de la robótica y la implementación de plataformas informáticas de administración o la provisión de bienes y servicios.

Desde esta perspectiva, el comercio electrónico sobre bienes tangibles y la prestación de servicios facilitada por tecnologías, son susceptibles de considerarse como servicios digitales, a pesar de que el elemento tecnológico únicamente es el facilitador u optimizador de procesos, como en el caso de la prestación de servicios de transporte público o privado, la reserva y pago de servicios de transporte, la adquisición de ropa, electrodomésticos y libros a través de plataformas de comercio, la reserva de citas para servicios médicos, la asignación y distribución de recursos dentro de una empresa, entre otros.

En un sentido estricto, la economía digital propiamente se hace presente en entornos virtualizados y portales transaccionales y/o automatizados sobre bienes y servicios digitales, es decir, aquellos que por su intangibilidad solamente tienen existencia en el ciberespacio, tales como el consumo de contenidos vía streaming o transmisión de datos, el comercio de libros y contenidos electrónicos, la gestión y venta de licencias y software, el cómputo en la nube, hasta inclusive, en el sector gubernamental, los trámites y servicios a través de medios digitales sobre documentos electrónicos que sustituyen y tienen la misma equivalencia del papel, o inclusive como la facturación electrónica.

Independientemente del nivel de digitalización y el sector en el que nos encontremos en la economía digital, muchos de los principios se ajustan a los principios de la gobernanza en internet, destacando entre ellos la descentralización y la ubicuidad, lo que en el ámbito de las actividades sociales desaparece gradualmente la existencia de intermediarios.

Así es como han surgido las figuras de la participación colaborativa y del financiamiento colectivo (conocidas en por sus siglas en inglés como crowdsourcing y crowfunding), así como nuevos mecanismos de registro y control de las actividades a través de esquemas como el blockchain, que permiten la integridad, autenticidad, confiabilidad y seguridad de las operaciones a través de la participación de diversos actores.

Estos mecanismos son distintivos de un nuevo paradigma que es susceptible de denominarse como economía colaborativa, la cual abre un abanico de oportunidades, puesto que permite que a través de la gestión de la información y el conocimiento de manera colectiva, nuestra realidad se transforme de manera dinámica, a la par de que se rompen las barreras existentes entre las personas (quienes cuentan con dicha posibilidad o logran superar la brecha digital).

Sin embargo, contrario a lo que pudiera pensarse, la economía colaborativa aún no ha dado muestras de las verdaderas posibilidades que genera para el bienestar y crecimiento de la economía de las personas, dado el acceso y uso desigual a las tecnologías y el internet en los países que dificultan el uso de estas herramientas.

En ese orden de ideas, los casos más relevantes y que son considerados exitosos por parte de la economía colaborativa, como el transporte privado de pasajeros a través de aplicaciones como Uber, Cabify, Didi, o en el caso de alojamiento como Airbnb, se distancian del ideal de lo que debería representar este esquema, ya que no se eliminan los intermediarios, sino que dichas plataformas se insertan como el administrador que lucra con importantes beneficios.

Un ejemplo más cercano del deber ser en la economía colaborativa, lo podríamos asociar con Wikipedia que se ha insertado como el principal consultor (además de Google), dada la valía del acervo de conocimiento con que cuenta dicha plataforma, el cual es de acceso libre y puede ser modificado y corregido por cualquier persona, y en algún momento, incluso representar el estado del arte o de la técnica en un momento determinado.

No obstante, al día de hoy logramos identificar importantes iniciativas que generan beneficio a través de la economía colaborativa, como en el caso de las fondeadoras, iniciativas que recaudan recursos para proyectos ofertados en las plataformas; hackatones que permiten la creación de soluciones a través de concursos o competencias que implementan soluciones a problemas determinados, o inclusive, las criptomonedas cuyo principal exponente es el bitcoin, en las cuales se les otorga valor a los algoritmos cual si fueran monedas físicas.

En la semana llamó mi atención una startup llamada Initiative Q (iniciativa/empresa que tiene como finalidad brindar una solución digital en términos propiamente dichos) que pretende posicionarse como la nueva plataforma de pagos a nivel internacional, la cual ha generado polémica, ya que muchas personas no entienden cómo pueden lograr su contenido y por ello, presumen que se trata de un engaño ya que ofrece compensar a los primeros suscriptores con sus monedas.

Como comenté a personas cercanas, no tengo elementos para apoyar su confiabilidad, pero tampoco para afirmar que es un engaño, además hay que ser cautos, puesto que muchos recordamos de manera reciente la resistencia a adquirir bitcoins cuando dicha moneda recién fue lanzada (la gran mayoría con arrepentimiento), lo cual eventualmente puede generar un frenesí injustificado que nos lleve al engaño. No obstante, dentro de nuestro escepticismo también podemos identificar que el valor de la recompensa inicial, eventualmente también habla del nivel de confianza que desea adquirir dicha iniciativa y para las startups, la confianza lo puede ser todo.

En todos los casos, estas iniciativas nos permiten vislumbrar un futuro con grandes posibilidades, basadas en el conocimiento, para las cuales resulta importante sensibilizar a las sociedades y habilitarlas en su uso, con la finalidad de que estas tecnologías mejoran la calidad de vida de las personas en la medida que cada una de ellas así lo requiera, en la inteligencia que estas oportunidades se hacen patentes a partir de la tecnología, misma que nos permite afirmar que al dicha de hoy no todo está dicho o hecho, y la siguiente gran revolución puede surgir a partir de una nueva idea o por un proyecto generado por una simple startup.

Hasta la próxima.

Publicado por: 

Abogado especializado en TICs, privacidad y cumplimiento legal. Maestro en Derecho de las Tecnologías de Información y Comunicación por INFOTEC.

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